‘Game of Thrones’, episodio 5: Los pecados del padre

Después de una tormenta a veces viene la calma… y a veces hay nuevas llamas entre las cenizas. En el caso de Game of Thrones, esas nuevas llamas pertenecen a los restos de los Tarly.

Randyll se rehúsa a arrodillarse ante Daenerys Targaryen pese a la demostración del poder de sus dragones y del khalasar dothraki, y su hijo termina haciendo lo mismo. Es quizá un indicativo de qué tanto los pecados de los padres han marcado o siguen persiguiendo a los personajes.

Dickon se muestra igual de obstinado que Randyll Tarly y ambos mueren. Y ahora Tyrion y Varys temen que Daenerys, sin los consejos apropiados, adopte como propio uno de los peores mantras de su padre, el Rey Loco Aerys Targaryen: quemar vivas a las personas incluso cuando la batalla ya terminó. Claro, Daenerys les ofrece “dejar el mundo en un mejor estado que en el que lo encontraron”, pero la contraoferta es morir. “Queremos ayudar a la gente y solo podemos hacerlo desde una posición de fortaleza”, le comenta Daenerys a Jon a su regreso a Rocadragón.

Tywin Lannister era despiadado y nunca se rendía; su carácter aún es notorio en distintos aspectos de cada uno de sus hijos. La muerte de Tywin, a manos de Tyrion, es una de las razones que valida la enemistad de Cersei con el más pequeño de los hermanos Lannister, aunque haya sido exculpado del envenenamiento del fallecido rey Joffrey. Pero esa enemistad tampoco la ciega para permitir que haya una reunión entre Tyrion y Jaime y le permite aprovechar la posibilidad de un cese temporal de hostilidades con Daenerys a cambio de una reunión, con la ventaja de llevarla a cabo en casa.
“Luchamos y morimos o nos rendimos y morimos. Sé cuál es mi elección”, dice Cersei, ahora embarazada y ataviada con vestimenta de cuero negro muy similar a la que usaba Tywin. “Debemos ser listos para ganar y luchar contra ella como lo habría hecho nuestro padre”.

Ahí mismo en Desembarco del Rey está Gendry, a quien vemos por primera vez desde que Davos le dio un pequeño barco para que escapara de Melisandre (“Pensé que todavía estarías remando”, bromea Davos, de nuevo el gran personaje cómico del episodio con todo y sus cangrejos afrodisiacos). Ella quería quemarlo vivo solo porque la sangre de Robert Baratheon corre por sus venas, aunque ahora Gendry incluso ha adoptado el martillo, arma con la que su padre disfrutaba hacer batalla durante su rebelión contra Aerys, y no duda en hacerle saber su linaje a Jon.

Quien sí rechaza las enseñanzas de sus mayores es Samwell. La temporada pasada le dio la espalda a Randyll –por las críticas que le hizo a Gilly y a sus opiniones sobre los “extranjeros”– y de paso se hizo con la conveniente espada de acero valyrio del patriarca; ahora, armado con ella, deja atrás junto con Gilly y Sam bebé la Ciudadela después de que los maestres deciden hacer caso omiso a la advertencia enviada por cuervo desde Invernalia sobre lo cerca que están los Caminantes Blancos.

Antes de irse, Samwell también se arma de varios papeles de la sección restringida de la biblioteca, mientras que Gilly avista algo importante en los libros de Alto Septon Maynard, quien se desempeñó durante el mandato de Aerys: la mención de una anulación y segundo matrimonio para Rhaegar Targaryen, que significaría que nuestro bastardo favorito, Jon, no es bastardo.

Es difícil culpar a los maestres escépticos: sin haber visto nada y solo recibir la aseveración de “un niño lisiado que habla con un cuervo de tres ojos”, ¿quién creería que un ejército de muertos marcha hacia el sur? Así que Jorah, ahora libre de su enfermedad, decide ir con Jon y una comitiva a capturar a uno de los muertos vivientes para llevarlo a Desembarco del Rey. “Es nuestra mejor oportunidad”, dice Jon antes de pedirle a Daenerys que confíe en él pese a ser un extraño.

Se despiden, por ahora, con un mensaje claro de la Madre de los Dragones: ya se acostumbró a tener cerca al Rey en el Norte.

Mientras tanto en Invernalia se fragua una seria disputa entre hermanas, o al menos eso parece. Algunos señores del Norte y del Valle están descontentos con que no esté Jon e incitan a Sansa a quedarse con el cargo; el que Sansa lo haya considerado por tan solo un segundo no le agrada a Arya. “Decapitar gente probablemente es muy satisfactorio, pero no es manera de hacer que las personas trabajen juntas”, dice la hermana mayor, muy sensata. Arya entonces decide seguir a Meñique mientras este compra líquidos misteriosos y obtiene una carta, todo con la intención de que la menor de las Starks la encuentre. Es la misiva que Sansa escribió bajo presión pidiéndole a Robb que jurara lealtad a Joffrey. ¿Qué tendrá en mente el gran conspirador Petyr Baelish? ¿Le saldrá el tiro por la culata en sus intentos por dividir a las Stark?

También al Norte, en Guardiaoriente (sitio que aparece por primera vez en el mapa de los créditos y que le da el nombre al episodio) se forma una alianza incierta. Se unen Tormund el salvaje con Jorah, el hijo del Comandante de la Guardia de la Noche que atormentó a su pueblo; Gendry con Beric y Thoros, quienes lo vendieron a Melisandre; el Perro y Jon. Se dirigen juntos hacia el otro lado del muro para capturar a un muerto viviente… o morir en el intento. No importan las disputas, dice Jon, “estamos del mismo lado” porque “seguimos respirando”.

Así que, a dos capítulos del fin de temporada y con un avance que deja entrever una batalla increíble para la próxima semana, ¿quién crees que es más probable que muera? ¿Qué te parecen las tensiones entre Sansa y Arya? ¿Será que ahora sí Tormund podrá conquistar a Brienne, la Mujer Gigante?

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